sábado, 12 de octubre de 2019

La injusticia desequilibra el mundo #Día 285

Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?  Lucas 20:15 

Arrendar siempre es un albur.
Es normal que un buen arrendatario sea fiel al lugar que se le ha facilitado –los contratos se hacen de buena fe-, pero como dice el refrán “de todo hay en la viña del Señor”, puede suceder que se transforme en  impago, deje la propiedad destruida o estratosféricas cuentas básicas que el dueño deberá asumir.
En este caso la historia que relata el Señor es trágica y recalca la consecuencia funesta de la violencia, la perfidia y los terribles sentimientos que pueden anidarse en el corazón humano. 
Dios pregunta como si quisiera hacernos partícipes de una solución.
La traición, el continuo asesinato, la permanente mala intención llevan al dueño del predio a decisiones extremas.
Porque la injusticia rompe los equilibrios en la tierra y en el cielo.
El poeta dice: “Claman los justos y el Señor los oye, y los libra de sus angustias” (Salmos 34:17). La justicia restaura la simetría pero para que suceda alguien perderá sus privilegios.
¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?

La aplicación de la ley determina  acciones que muchas veces se frustran por astutas interpretaciones. Dios es un Juez Justo y "no dará por inocente al culpable", esperemos que Él vuelva a restablecer su justicia en la tierra; esperemos en  Él, nunca nos defraudará.


La nota curiosa:
Mi amiga G. tenía un departamento en arriendo; lo había adquirido con gran esfuerzo, años de trabajo y ahorro. Sus arrendatarios un día cualquiera dejaron de cancelar, las cuentas se acumularon.
Un año.
Ella esperaba que reaccionaran pero nada; les pidió que le entregaran la propiedad.
Se armó de paciencia y cada día acudía a golpear la puerta; cada día les solicitaba que se fueran, día a día, como una gota que cae sobre la piedra.
Nunca hubo un trato descortés entre ellos; por cierto, ella es una persona cristiana y no quiso llevarlos a juicio, "hubiera sido más largo y vergonzoso", me comentó.
A los tres meses acudió como todos los días, el departamento estaba vacío.
Pidió a un contratista que  remodelara el lugar, colocó un aviso en el periódico y lo vendió.
De los arrendatarios nunca se supo nada.





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