viernes, 30 de agosto de 2019

El valor de la humildad #Día 242

"...y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Dí, pues, ¿cuál de ellos le amará más?"
 Lucas 7:42

Jesús va a la casa de un fariseo, éste le recibe y le sienta a la mesa.
Sin mucho protocolo, sin la honra que una visita de honor merecería, le hace pasar y ubicarse.
Al parecer el anfitrión no consideró necesarios los formalismos culturales de lavar los pies al invitado, de ungirle la cabeza con algo de perfume o de darle una calurosa bienvenida con un beso (que sería como un abrazo con palmaditas en la espalda para nosotros en un típico saludo chileno).
Realmente el punto no es que no le pareciera necesario, es que con esto estaba demostrando que Jesús no era alguien muy importante para él.

Al rato llega una mujer, conocida por su mala fama, se arrodilla detrás de Jesús y comienza a llorar, lavando con perfume y lágrimas sus pies, mientras los seca con sus cabellos.
Jesús ve a todas luces el contraste que nadie más ha notado: La mujer pecadora está haciendo lo correcto, demostrando arrepentimiento profundo porque sabe que si llega a ser perdonada es deudora de mucho en el cielo.
El fariseo respetado está equivocado, sintiendo seguridad delante de Dios por su propia rectitud y sin entender su ceguera espiritual que desprecia a Dios mismo, que ahora está sentado en su mesa y lo critica sintiéndose superior. ¡Qué vergüenza!
Todos pensaban que la avergonzada era esa mujer fuera de lugar, indigna, desacreditada y despreciable.
Pero el que debía estar avergonzado era el hombre "sin pecado" que no veía su mancha.
¿Cuál de ellos amará más? ¿El avergonzado que es reivindicado por el perdón o el orgulloso que debe ser confrontado con su pecado no reconocido para darse cuenta de que es deudor?
Mejor ser humilde que ser humillado, mejor estar abajo que caer por subirse muy alto, mejor no jactarse para que Dios mismo pueda reconocer el simple mérito que más ama: la fe que humildemente depende del que todo lo sabe.



Texto de hoy: Escritora asociada
Tamara Vidal G.


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